Extraño huevo. Después de cocinado se volvió noticia
Las gallinas tuneras se han empeñado en demostrar que son capaces de sorprender hasta a los más incrédulos. Todavía están frescas las imágenes de aquella polluela de plumaje negro que se hizo famosa en febrero de 2003 al poner un huevo que pesaba 148 gramos. El más grande del orbe hasta esa fecha, según estadística de los récords mundiales. Ahora otra gallina se interesa en llamar la atención de los medios de prensa territoriales. Su dueño llegó hasta TunasVisión (Telecentro provincial de Las Tunas) con un pequeño objeto envuelto en un nylon. Era muy pequeño y le faltaban algunos pedacitos de la cáscara. Interesado en el tema, el visitante accedió a responder mis preguntas. ¿Cómo sucedió todo? “Bueno, yo crío gallinas desde hace varios años y siempre en mi patio recojo los huevos de las aves. He visto huevos de distintos tamaños, algunos hasta con dos yemas. El otro día una de mis gallinas puso un huevito pequeño. Mi hija quería que se lo diera para hacer merengue. Yo le dije que como era pequeño lo mejor que hacía era comérselo hervido. Fue así que lo deposité en la caldera donde hervía la vianda para el almuerzo. Cuando creí que ya estaba cocido me dispuse a quitar la cáscara. Fue entonces cuando observé que dentro se había cocinado otro, aún más pequeño. Cosas de la naturaleza.Ahora lo traigo aquí para que usted lo vea, pues mis vecinos de la zona de Pozo Salado me motivaron a que llegara hasta aquí para que todo el mundo sepa de esta curiosidad.”Tal y como lo contó. Procedimos a retirar toda la cáscara del primer huevo. No tenía yema, solo una masa blanca que al ser hervido estaba muy dura. Dentro, el otro huevito, del cual prendía una especie de tripa que los enlazaba.
Caprichoso Colibrí.
Los caprichos de un colibrí confirman que cada día la naturaleza nos sigue sorprendiendo con asombros de la flora y la fauna.
Esta historia que hoy les cuento, sucedió en el patio de Nilda Pérez. Una tunera apasionada por la naturaleza y con gran sentido ambientalista. Ella es dueña de un paraíso natural cubierto de varias especies de frutales. Con predominio de los limoneros donde se mezcla el verde de las hojas de esta planta con los frutos del mismo color.
Allí se encuentra el nido de un zunzún. Tan pequeño como el diminuto pajarito que escogió estos predios para procrear.
Caía la tarde y por casualidad el auto en que viajaba se detuvo en una pequeña casa construida con paredes de ladrillo y techo de tejas. La sed provocada por el intenso calor del mes de junio me obligó a entrar a la humilde casita a donde fui conducido por un extenso pasillo rodeado de helechos.
Sorprendido ante las bellezas circundantes me detuve a contemplar el panorama campestre. En instantes una voz se dejó escuchar entre los arbustos.-Dígame compañero.¿ En que puedo servirle?.
-¿Qué tal le respondí?. Tengo sed y quisiera un vasito de agua.
-Enseguida le atiendo. Estoy dándole de beber también a mi colibrí.
-¿A quién ?. Le pregunté sorprendido.
- “Sí, a un colibrí”. “ Hace un buen tiempo ví por la televisión un reportaje en el cual le daban miel en una cuchara a una familia de colibríes. Fue entonces que me hice el propósito de que el mío hiciera lo mismo”.
- “No fue difícil, como éste permanece aquí desde hace tanto tiempo, preparé un poquito de agua de azúcar, lo deposité en un cucharita y para asombro mío el zunzún salió del nido, vino a mi mano y comenzó a libar. Esta acción la repito hasta dos veces al día. Yo creo que con ello estoy ayudando a que esta especie no se extinga”.
-“Este animalito está tan engreído conmigo que ya es como si fuera de mi familia. Fíjese que cuando por alguna razón me ausento de la casa dicen los vecinos que revoletea por los alrededores en busca mía, hay veces que siento que él conoce cuando llego, pues nada más abro la puerta e inmediatamente viene a saludarme”.
Así entre curiosas anécdotas la mujer de unos 50 años me trae el vaso de agua, mientras ingiero el preciado líquido sigue comentándome:
“Tengo amistades que me han facilitado bibliografía acerca de los zunzunes. Estuve leyendo recientemente un artículo en el cual se estima que en el planeta habitan alrededor de 328 especies de colibríes, la mitad de éstas pueden encontrarse en los países sudamericanos como Ecuador, Colombia y Brasil. El colibrí mas pequeño del mundo es el cubano científicamente conocido como Calypte helera”. Yo estimo que el mío, es uno de esos, con la diferencia de que los otros no beben en cuchara, el mío Sí.
El Perrito mensajero
Un perrito criollo recorre cada mañana las principales arterias del poblado de Jobabo, cabecera del municipio del mismo nombre, ubicado a unos 30 kilómetros al sur de la capital de la provincia de Las Tunas.
Terry es el brazo derecho de Amelia Torres, una mujer de andar presuroso y de mirada inquieta, que al vernos entrar en su pequeña casa se mueve rápidamente hacia la cocina para hacernos un sorbito de café. Mientras lo prepara comenta: “Hace 8 años que tenemos a Terry con nosotros. Aquí llegó un buen día y no quiso dejarnos jamás. Lo consideramos uno más de la familia. Él tiene su propia camita y come lo mismo que Ernestico y Claudia, mis dos hijos”. Destapa la cafetera y el aroma invade la salita donde permanece atento el perrito como si supiera que hablábamos de él.
“Un buen día salimos en la bicicleta rumbo a mi trabajo, yo llevaba a mi hijo varón en la parrilla y se le cayó un zapato. El perrito retornó, lo agarró por un costado y nos siguió. Cuando llegamos a nuestro destino, lo traía bien sujeto por los dientes. Desde ese día supimos que le gustaba ser generoso, solidario y muy buen protector de las pertenencias de los niños.”
Taza en mano, comenzamos a degustar el delicioso café. Amelia nos dice: “Ya son casi las 9 y 30 de la mañana, por eso Terry está tan desesperado, él sabe que dentro de minutos debo llevarle la merienda al niño. La escuela queda a unas 10 cuadras de aquí. Terry no me pierde ni pies ni pisada. Ahora, cuando él vea que yo tengo lista la jabita de yarey, enseguida me intercepta para que yo le dé el paquetico. Lo aprieta fuerte con los dientes y sale veloz hacia su destino: la Escuela Primaria 'Heriberto Cortez'”.
En efecto, tal y como lo sentenciara Amelia, el perrito salió “disparado” hacia la escuela; nosotros, tras él. Iba tan rápido que al doblar por una esquina se nos perdió de vista. Luego le vimos, jabita en boca, por toda la avenida, los peatones lo observaban. Otros perros intentaban lidiar con él, pero Terry llegó a su destino. Allí lo esperaba el pionero de quinto grado Ernesto Domínguez Torres. Verlos sentados en el parquecito de la escuela era todo un espectáculo: ambos compartían la merienda.
Finalizado el horario del receso, el perrito mensajero retornó a casa, dando por cumplida su misión de cada mañana. Se veía fatigado, pero en su rostro se reflejaba la mayor satisfacción del mundo. Había ayudado a su dueña. Un gesto de solidaridad que ella agradece y que sus hijos admiran.
El perrito es algo más que una mascota. Es su mejor amigo. No pierde un instante del día para demostrarles el afecto que siente por ellos y la disposición de contribuir con las tareas del hogar. Al punto de que acompaña a su dueña hasta el Círculo Infantil, para juntos dejar allí a Claudia. Lo simpático del caso es que Terry le lleva también el monedero o el bolsito de la niña con sus pertenencias.